Practicar mindfulness no exige que desaparezcan los pensamientos. La mente puede seguir divagando mientras aprendemos a reconocer lo que está ocurriendo. Advertir una distracción también forma parte de la práctica.
Observar una experiencia que cambia.
La atención plena se relaciona con advertir pensamientos, emociones y sensaciones, y con explorar otra manera de responder a ellos. Se trata de acercarnos a la experiencia tal como se presenta, también cuando no es la que esperábamos.
Volver a lo que está presente.
Cuando notas que te has distraído, puedes reconocerlo y retomar una referencia de la práctica, como los sonidos o las sensaciones de contacto. No hace falta convertir ese regreso en otra exigencia. Si estás comenzando, puedes recorrer La práctica y la introducción al mindfulness de esta web.
